Jose Fco. González Vázquez

OLYMPUS DIGITAL CAMERALos párrafos del pasado resuenan en el eco de nuestros tiempos. El polvo del ayer torna en color bajo el manto de este historiador, abrigado éste por el estudio meticuloso de la Historia. Nunca antes, el aprendizaje de las culturas añejas había adquirido el sabor de la pedagogía universal. Ha llegado el momento de disfrutar aprendiendo, de aprender en el gozo de la diversión.

Conocer, contrastar y comunicar. Esa especie de fórmula lógica ha guiado el camino didáctico de José Francisco González Vázquez. Quizás por ello se entienda su capacidad expositiva, su forma de narrar los recovecos de etapas en sepia y convertirlas en un mágico cuento, en el que navegan niños y adultos en una plácida travesía por los mares del conocimiento y con el sol de la diversión como brillo de una entretenida aventura.

La historia tiende su mano sobre el entretenimiento, sobre la capacidad de convertir la distancia de otros siglos en un componente actual, moderno y con buenas dosis de ingenio. Ardua tarea que ha sabido conjugarse a partir de su Licenciatura de Historia por la Universidad de Sevilla y de su título de posgrado del Máster Interuniversitario de ‘Arqueología y Patrimonio: Ciencia y Profesión’ de la Universidad de Huelva, la Universidad de Córdoba, la Universidad de Málaga y la Universidad Pablo de Olavide (Sevilla).

De estas letras nació esa pasión por extender el conocimiento histórico hacia los raíles de la sociedad. De abrir el mundo de las bibliotecas al aire limpio de la aventura. A ello contribuyó otra de sus etiquetas profesionales: Técnico en la interpretación del Patrimonio Cultural y experto en investigaciones arqueológicas relacionadas con el poblamiento y el territorio de la Sierra de Huelva.

Fue así como comenzó a desvelar la etnografía y la antropología de la comarca serrana. De este ‘conocer’ escrito, aprendió a ‘contrastar’ con las fuentes orales y a ‘comunicar’ a pequeños y mayores, siempre con el vocabulario idóneo, con el énfasis oportuno. Nunca antes el saber había sido tan cercano, tan directo y tan ameno, como lo es en la orilla de Culturaleza.